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Nuevo León, Insurgente y Revolucionario recorre 200 años de historia y acontecimientos que tuvieron lugar en el Nuevo Reino de León durante la guerra de Independencia, la transformación del reino al estado, la delimitación de las fronteras y la consolidación de Nuevo León; y continúa con el paso de la Revolución Mexicana por el estado y los hechos más trascendentes desde el inicio de la lucha armada en 1910 hasta la promulgación de la Constitución de 1917.

Aunque los dos grandes ejes temáticos son la Independencia y la Revolución, la exhibición también analiza los años que transcurren entro ambos movimientos y los principales personajes que destacaron por su participación.

La exposición está integrada por más de 150 piezas, que en su mayoría pertenecen al acervo del Museo de Historia Mexicana, pero se enriquece por el préstamo de piezas de coleccionistas e instituciones como el Archivo General del Estado de Nuevo León y el Instituto Nacional de Antropología e Historia.

La museografía de Sergio Rodríguez permitirá al visitante ingresar a un “Gabinete de curiosidades” donde encontrará retratos, pinturas, mapas, litografías, documentos, armas, monedas, vestidos, uniformes, fotografías y elementos de la vida cotidiana que dan cuenta del paso de estos dos acontecimientos por Nuevo León.

Miguel Hidalgo formó un gran ejército popular, que la noche del 16 de septiembre, avanzó sobre Guanajuato, Morelia y Toluca. Este contingente sufrió dos grandes derrotas: Aculco y Puente de Calderón, en Jalisco, por lo que se retiraron al norte.

Los líderes insurgentes nombraron a Mariano Jiménez, teniente general de los ejércitos de América. Le encomendaron formar un ejército en San Luis Potosí y conquistar la villa de Saltillo, el Nuevo Reino de León y demás zonas de las Provincias Internas.

Jiménez mantuvo correspondencia con Juan Ignacio Ramón, teniente de la compañía española de Punta de Lampazos, donde le pedía que se uniera a la causa independentista. Manuel de Santa María, gobernador del Nuevo Reino de León, sabía de esta comunicación y favorecía la insurgencia.

En Aguanueva, al sur de Saltillo, Jiménez llegó con ocho mil hombres y las tropas realistas de Coahuila y Nuevo León se pasaron a sus filas, hacia 1811 sin combatir.

Juan Ignacio Ramón se unió a los insurgentes y recibió el grado de brigadier. Santa María también decidió adherirse a ellos y fue el funcionario de más alto rango en el virreinato que lo hizo.

Los insurgentes tuvieron muchas bajas y el 21 de marzo de 1811 Hidalgo cayó prisionero junto con Aldama, Allende, Abasolo y Mariano Jiménez en las norias de Acatita de Baján, Coahuila. Fueron trasladados a Chihuahua y fusilados en julio de ese año.

La lucha por la independencia en el Nuevo Reino de León disminuyó tras la muerte de los jefes independentistas. En Texas se efectuaron levantamientos insurgentes en los que destacó José Herrera, quien apoyado por José Bernardo Gutiérrez de Lara, llegó a Monterrey con una guerrilla de más de 200 hombres y atacó la ciudad en 1813.

Joaquín de Arredondo, comandante general español de las Provincias Internas de Oriente, se dispuso a reconquistar toda la región. Acosaron a los insurgentes eliminándolos en diversos encuentros y José Herrera fue capturado y fusilado en San Luis Potosí.

De nacionalidad española, Francisco Javier Mina dio un fuerte impulso a la causa independentista, conoció en Londres al neoleonés Fray Servando Teresa de Mier, uno de los mayores defensores y propagandistas de la independencia. Mina desembarcó en 1817 en Soto La Marina, Tamaulipas; desde Londres trajeron una imprenta y a un impresor para emitir bandos y propaganda a favor de los insurgentes.

Por su parte, Arredondo estableció su cuartel en Monterrey y fue nombrado gobernador. Tres años después dirigió campañas en contra de Francisco Javier Mina, capturó a fray Servando y lo envió a México. Mina fue capturado y fusilado en 1817, en Guanajuato.

En el Nuevo Reino de León, en noviembre de 1821 anunciaron el término de la lucha y la Independencia fue celebrada. El Nuevo Reino cambió su conformación política y administrativa a Estado de Nuevo León y el primer gobernador electo fue José María Parás.

LA REVOLUCION

A principios del siglo XX, Porfirio Díaz encabezaba el gobierno y había una desequilibrada distribución de la propiedad agraria; sin embargo, gozaba también de un crecimiento económico notable que permitía la urbanización e industrialización.

Los políticos estaban separados en dos grupos principales: “los científicos” que se encargaban de la economía y la educación, y “los reyistas”, encabezado por Bernardo Reyes, líder del progreso en el noreste del país y responsable de la modernización y la disciplina del Ejército Federal.

Como gobernador provisional, Bernardo Reyes tenía instrucciones de Díaz de acabar con el cacicazgo de Jerónimo Treviño y Francisco Naranjo y someter al noreste dentro del proceso nacional de pacificación.

A partir de la llegada de Reyes, Nuevo León se distinguió de entre todos los estados de la república, principalmente por sus industrias. Todos los ramos de la administración fueron atendidos, se fundaron escuelas, crecieron las obras públicas y en general se logró un estado permanente de tranquilidad.

De esta época data la construcción del Palacio de Gobierno, la estatua de Hidalgo en la plaza del mismo nombre, el Arco de la Independencia, el Palacio de Gobierno, así como también se instalaron la Fundidora de Fierro y Acero de Monterrey, Cervecería Cuauhtémoc, entre otras. Aumentaron las vías férreas y a principios de 1900, el tren unió a Monterrey y Matamoros, favoreciendo el progreso del estado.

Porfirio Díaz, celoso por la creciente popularidad que había alcanzado Bernardo Reyes en los últimos meses, que lo perfilaba como un fuerte candidato a la presidencia, lo envía a una comisión especial a Europa. Reyes entrega en 1909 el cargo de gobernador a José María Mier.

En Nuevo León, la revolución maderista no fue violenta. Jerónimo Treviño, tío político de Madero, maniobró políticamente para que las tropas revolucionarias entraran a Monterrey sin violencia.

En tanto el gobernador José María Mier dejó el cargo a Leobardo Chapa, quien convocó a elecciones en las que resultó electo Viviano L. Villareal, como el nuevo ejecutivo estatal, cubriendo el periodo de 1911 a 1913.

Tras la Decena Trágica los acontecimientos ocurridos en la Ciudad de México, del 9 al 19 de febrero de 1913, cuando un grupo de inconformes proclives al antiguo orden porfirano se levantó en armas para derrocar al presidente Madero.

Bernardo Reyes y Félix Díaz, sobrino de Porfirio Díaz, que se encontraban presos en Tlatelolco, fueron liberados por los sublevados para que comandaran el golpe de estado. Al intentar tomar el Palacio Nacional, Reyes fue acribillado, en tanto que Díaz se guareció en la Ciudadela, desatándose la violencia en la ciudad.

Para contrarrestar la asonada, Madero nombró a Victoriano Huerta comandante general de la plaza y jefe de las fuerzas armadas, sin saber que éste pretendía quitarle la presidencia. Con el paso de los días, Huerta obligó a Madero y Pino Suárez a firmar su renuncia, instigado por el embajador de los Estados Unidos. El 19 de febrero ambos fueron asesinados.

A manera de protesta, Viviano Villarreal renunció al gobierno de Nuevo León, quedando a cargo el viejo caudillo Jerónimo Treviño. Más tarde Huerta, ya como presidente, nombró a Salomé Botello como gobernador del estado.

Después de la muerte de Madero y Pino Suárez, Victoriano Huerta se instaló en el Palacio Nacional. Integró su gabinete con miembros del antiguo régimen de Porfirio Díaz. Permaneció en la presidencia 17 meses y su mandato fue dictatorial a partir de que disolvió el Congreso de la Unión.

El primer frente contra Huerta, lo encabezó Venustiano Carranza, gobernador de Coahuila, quien convocó a la reconstrucción constitucional del país. Recibió apoyo en el estado de Sonora con Álvaro Obregón como líder, quien junto a Plutarco Elías Calles, Manuel Diéguez, Salvador Alvarado y Adolfo de la Huerta, formaron el Ejército Constitucionalista de Occidente, leal a Carranza.

Otro frente antihuertista fue el contingente de Chihuahua representado por Francisco Villa y en el sur del país, Emiliano Zapata continuó en rebeldía, ahora contra Huerta.

Por su parte, Pablo González pudo organizar el Ejército Constitucionalista del Noreste, para operar en los estados de Coahuila, Nuevo León y Tamaulipas.

Monterrey fue sitiada en octubre de 1913 por los revolucionarios comandados por Jesús Carranza, Antonio I. Villareal, Pablo González, Fortunato Zuazua y Alfredo Ricaut, quienes se retiraron al no poder desalojar a las fuerzas huertistas, fuertemente abastionadas en el centro de la ciudad.

El derrumbe del huertismo empezó con el descenso de los ejércitos norteños al centro del territorio nacional, así como también cuando el gobierno norteamericano invadió Veracruz para impedir que Huerta recibiera pertrechos procedentes de Alemania. Agobiado por múltiples frentes, Huerta renunció en 1914; abandonó el país y más tarde quiso regresar al país, pero falleció en El Paso, Texas.

Al año siguiente, la capital regiomontana cayó en manos de los revolucionarios dirigidos por Antonio I. Villareal, quien ocupó el cargo de gobernador. Durante la lucha de las facciones revolucionarias y el ataque de las tropas villistas a Monterrey, Villarreal se retiró en enero de 1915 y casi de manera inmediata, entraron a la capital, Felipe Ángeles, Raúl Madero y Francisco Villa.

A la salida de estos líderes, Alfredo Ricaut asumió el poder provisional mientras se realizaban las elecciones para gobernador, éstas fueron ganadas por Nicéforo Zambrano en 1915.

La exposición permanecerá en exhibición hasta el 6 de febrero de 2011.